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He perdido a mi rebaño

A medida que avanza el programa, se están formando grupos, se ve como unos se llevan mejor que con otros y que hay preferencias a la hora de cocinar con un chef u otro.

Y Estambul es el mejor ejemplo de lo que estoy diciendo, pero antes hay que hablar de la prueba de inmunidad. Tengo que reconocer que el estar participando en Top Chef me está permitiendo conocer sitios increíbles, y más allá, cocinar en sitios que muy poca gente podrá cocinar, y uno de ellos es la Plaza de las Especias de esta gran urbe turca. Y, además, he tenido la oportunidad de correr por el Gran Bazar de la especias y coger todo lo que me apetece para poder hacer mi versión de un steak tartar. Sí, eso es lo que nos toca cocinar esta semana. Hubo versiones para todos los gustos, pero la tónica general por parte del jurado ha sido ir de mal en peor. No parece que le gusta el de ninguno y finalmente se decantan por el de Luca. Al escuchar su nombre me alegro mucho, para mi Luca no es solo un contrincante es un amigo. Gracias Luca por ser como eres.

Nos vamos todos a la prueba grupal. Luca, al ser el inmune, decide que el será el capitán de su grupo y elige al capitán del otro grupo: este será Marcel. Esto me empieza a sonar, después me elige a mi en su grupo al igual que a Alejandro, Carlos y finalmente MariPaz, ¿Os suena, verdad?. El otro equipo lo completan Alex, Montse y Oriol, exactamente los mismos equipos que el programa anterior, y si algo he aprendido es que las segundas partes nunca fueron buenas.

Oriol piensa que soy el pastor de un rebaño; yo lo único que pienso que en vez de pensar tanto en otros debería cocinar un poco más y así todos estaríamos un poco mejor.

Empieza la prueba y de repente ves como Oriol y Alejandro se pelean por un pan. Esto realmente no me gusta. ¡Señores, hemos venido a cocinar! Cuando todo vuelve a la calma, conseguimos poner en marcha un menú interesante, valiente, novedoso y que huele a Turquía. Sinceramente estoy disfrutando de nuestros platos cuando de repente escucho como Alex y Oriol empiezan a discutir. Miro a mis compañeros y su cara es un poema, la mía también. Me podéis creer cuando os digo que a veces cuesta cocinar con este ambiente, pero es lo que hay.

Tenemos que emplatar en un barco y dar de comer a un grupo de españoles que están trabajando en Turquía. La cosa está justa y finalmente se deciden por el otro equipo, lo que significa que uno de mis amigos o yo deberá dejar el programa. Tengo una sensación rara, una sensación que no me despejaré hasta el final del programa.

La prueba es de cocina internacional. No es mi fuerte, pero me toca fusionar dos cocinas, una la francesa y la otra de Orleans -que conozco-, por lo que puedo desarrollar bien el plato. Durante toda la prueba no dejo de ver como cuatro chefs compiten sanamente, pero una vez que termino la prueba, toca volver al almacén y esto implica soportar las salidas de tono y las impertinencias de Oriol. Finalmente se va Carlos, yo me salvo, pero no lo celebro. No es día para alegrías, se va un amigo. Quizá vuelva algún día.

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