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El conejo de Luis y Sergio

Puedo decir que el de esta semana es uno de los programas en los que más me he divertido. Si os dijera la cantidad de veces que me han dicho Carlos, Luca, Maripaz y Alejandro que me parezco a Luis Piedrahita..., ¡y de repente lo veo cocinando a mi lado...! Yo no llevo mis gafas pero rápidamente le robo las suyas. Todo el equipo de rodaje se lo está pasando en grande y yo más, y eso que mira que le he dicho que no tocara el carré del conejo..., que del resto lo podía destrozar... ¡Pues todo lo contrario! Lo quiero matar, pero tengo que reconocer que Luis es un tío que me ayuda en todo momento y que es mi gemelo; no puedo enfadarme con él. Aún así, consigo salvar alguna parte del carré del conejo y después de bridarlo lo cocino a baja temperatura para terminar marcándolo en la sartén. Hacemos una emulsión de piñones, moscatel y jugo de conejo, para terminarlo con una tierra de coliflor y acelga salteada en mantequilla noissete. Nos sobras unos cinco minutos y le monto un pequeño bocado a Luis. Me dice que ganamos seguro.

Después de la valoración de Paco Roncero en la que no nos pone ninguna pega y nos dice que está muy bueno y viendo que el resto tiene algún pero, pensamos que tenemos posibilidades. Pero, al ver que no nos nombran entre los tres primeros, me vengo un poco abajo. «¿Pero qué tengo que hacer para ganar una inmunidad?». Me quedo con que he conocido a Luis Piedrahita y que nos los hemos pasado muy bien.

Ahora toca prueba de grupo. Aún me acuerdo como Marcel me ha dicho que Cristina Pedroche no le ha ayudado mucho y cuando, después de hacer los equipos en donde me veo con Luca y Oriol, me sorprendo al ver que entra Cristina. Le digo a Marcel, 'mira tu amiga'. Él me quería matar.

Os cuento, tenemos que cocinar para unos concursantes de Pekín Express y nada menos que con lo que encontremos dentro de una mochila. La prueba no va mal. Cuando debemos emplatar se me ocurre hacer una quenelle de patata pero veo que solo tengo una cuchara y me dirijo al equipo naranja. Les comento que si me pueden dejar una cuchara; primero me dirijo a Alejandro que le pasa la papeleta a Marcel y éste a Maripaz, que me dice que no. Le intento poner cara de bueno y se lo vuelvo a preguntar. 'Maripaz que soy yo, ¿no me la vas a dejar la cuchara? Y finalmente me vuelve a decir que no. ¡En serio!, no sé bien si será la última vez que me encuentre en esta situación, pero yo lo tengo claro, yo dejaría la cuchara a un rival.

El cuchillo rojo fue para nosotros. En ese momento Oriol empieza a tirar balones fuera, le miro y le digo: «¡Que somos un equipo!». Mira que hay gente que le cuesta asimilar los cuchillos rojos. Es cierto que yo tengo práctica, ya llevo cinco. ¡A todo se acostumbra uno! Jeje.

Última oportunidad. Luca, Oriol y yo. Viene a visitarnos David, el ganador de la segunda edición, y nos toca hacer un trampantojo. ¡Noooooo, yo nunca hago trampantojos! Pero hay que hacer un buen plato porque ¡el tiempo comienza ya! Realmente hago un montón de preparaciones, un foie micuit, con una capa dorada de moscatel, una crema de pasas y cerveza negra una tierra de liofilizado de fruta de la pasión que aporta acidez y una lámina de pan crujiente. Tengo que reconocer que me falta, que el arte de engañar por la vista esté más presente, aunque el resultado gustativo es el mejor de los tres según el jurado. Yo acabo muy contento con el resultado.

Finalmente se va Luca. Yo me quedo, pero no lo celebro, solo me sale darle un abrazo. No pensaba en mí, sino en él, porque es una gran persona. En el almacén tengo la oportunidad de decirle que para mí ha sido una suerte conocerle, porque hay pocas personas tan auténticas como él por la vida y es difícil encontrarlas. Conocí a un gran chef pero he descubierto a una gran persona.